Ética, naturaleza y economía en un mundo finito

Un docente de la FICH analiza desde la perspectiva de la economía ecológica la carta encíclica del Papa Francisco, en la cual describe la crisis ambiental y llama a colaborar en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral de “nuestra casa común".

López Calderón es docente de la FICH y presidente de la ASAUEE

“Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”, afirma el papa Francisco en la carta encíclica “Alabado seas. Sobre el cuidado de la casa común”, de junio de 2015.

Según Alberto López Calderón, docente de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y presidente de la Asociación Argentino-Uruguaya de Economía Ecológica, “esta encíclica no es un mero diagnóstico. Reconoce explícitamente los problemas socioambientales y enfatiza en que la prioridad es resolverlos entre todos, especialmente para el bien de los pobres. En este sentido, la virtud de este documento radica en unir dos principios fundamentales para los economistas ecológicos: ambiente y pobreza, pues los problemas ambientales son causados principalmente por los poderes económicos y terminan perjudicando a los que menos tienen”, reflexionó el docente.

Cambio de conducta

Francisco hace suyas las palabras de Pablo VI cuando se refiere a la “crisis ecológica” como “consecuencia dramática de la actividad descontrolada del ser humano”. Al respecto, López Calderón señaló que “las personas no tienen controles éticos en el consumo,  especialmente en las clases media y alta, lo cual exige con urgencia un cambio radical en el comportamiento de la humanidad”.

A su vez, este cambio implica modificar el modo predominante de ver al ambiente, esto es, ya no como un espacio aislado del ser humano qué sólo suministra bienes y servicios, susceptible de uso y explotación descontrolados. “Cada elemento del ambiente, del cual el hombre forma parte, cumple una función y ninguna acción humana puede atentar contra el equilibrio de este sistema. Debemos cambiar nuestra visión antropocéntrica por un ‘ecocentrismo’, basado en un comportamiento humano austero, solidario y respetuoso de la naturaleza”, afirmó el docente tras recordar un pasaje de la encíclica donde se señala que “el mundo no puede ser analizado sólo aislando uno de sus aspectos, porque el libro de la naturaleza es uno e indivisible e incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etc. Por consiguiente, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana”.  

Nuevo modelo de crecimiento

Retomando las palabras de Benedicto XVI,  Francisco renovó la invitación a “eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente”.

En este sentido, López Calderón subrayó que el desarrollo humano no es solamente crecimiento económico. “También tiene una connotación moral, en tanto implica respetar al ambiente, sobre todo a los pobres. Por lo tanto, el ser humano debe buscar otro sistema de organización socioeconómica diferente del actual capitalismo del consumo y la especulación financiera, que venimos arrastrando desde hace 50 años. Este cambio moral es posible y significa remover las bases mentales con las que miramos al ambiente”, expresó el docente al tiempo de asegurar que la juventud  debería jugar un rol preponderante en el inicio de este proceso.

Si bien admite que no hubo demasiados avances concretos en materia de solución de problemas socioambientales, los cuales comenzaron a instalarse en la agenda mundial en la década del 70, López Calderón reconoce que esta encíclica, más allá de los condimentos teológicos y declamativos, es una contribución significativa y contundente para mantener instalado el tema en la sociedad e inspirar a un cambio mental. “Cómo llevarlo a la práctica dependerá de las circunstancias de cada región o país. La preocupación por el desarrollo sostenible se está dando en un marco sociopolítico mundial caracterizado por la globalización, donde muchos países en vías de desarrollo no pueden afrontar políticas efectivas de gestión ambiental y en el cual los poderes políticos y las corporaciones económicas no dejan definir las prioridades de desarrollo en los países más pobres”, advirtió.

 



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