Realidades nacionales y provinciales se entrelazan

Por: Darío H. Schueri – Desde Santa Fe

 

No hemos visto a los encuestadores preguntarle a la sociedad que miró el debate de los seis candidatos a Presidente del pasado domingo, si el mismo lo llevó a cambiar el voto del pasado 11 de agosto. Punto existencial para el Presidente Mauricio Macri, quien debe remontar una cuesta empinada tras ese simulacro electoral llamado PASO (ningún Partido tuvo internas abiertas en sus frentes el 11 de agosto) que, sin ser técnicamente “electivas” (no se elegía a nadie entre opciones), fueron casi “sorpresivamente decisivas” para Alberto Fernández y Mauricio Macri.

Juntos por el cambio va por la hazaña, por la épica; por el milagro. De allí que el slogan “Si Se Puede” suena más bien a ruego en sentido bidireccional: por un lado para que aquella parte de la sociedad votante en las PASO a Lavagna, Espert, Gómez Centurión, y básicamente los nuevos electores, lo hagan el 27 de octubre por la figura del Presidente; y por otra lado, para los votantes de Alberto Fernández viren hacia otro lado, para generar el casi esotérico “mas tres, menos tres” que fuerce el salvífico – para Macri-  balotaje.

Sólo un golpe de timón presidencial en el segundo debate del domingo que viene podría cambiar un destino que pareciera marcado. Le quedan los temas íconos “producción” y “empleo”; el domingo pasado creemos que Macri desperdició la oportunidad de la consigna “economía”, factor que lo llevó a transitar este vía crucis.

Alberto Fernández no simuló en el debate ser una persona soberbia, malhumorada (“chinchudo” dirían las comadres), siempre con gestos de fastidio. Es así. Fue así con Cristina cuando renunció en su gobierno como Jefe de gabinete por no compartir conceptos de gestión tras la crisis con el campo; y cuando ya en el llano, se dedicó a lapidarla en distintos reportajes al punto de decir que “tiene una enorme distorsión sobre la realidad”.

Puede ser que Alberto Fernández sobreactúe el papel protagónico de recio (utilizando de punching ball a Macri) porque a la jauría peronista debe demostrarle que será el nuevo “Macho Alfa” –  el peronismo no acepta “dos gallos en el gallinero” -  y no mero partícipe, casi secundario, de una conducción bifronte junto con Cristina Fernández y su brazo político La Cámpora.

En Santa Fe, esa analogía de poderes encontrados y supremacías políticas se dará entre Omar Perotti y el “rossismo”; aunque al Gobernador electo ya le aparecieron otros actores internos en escena queriendo disputarle poder.

El 11 de diciembre, si ganare, Alberto Fernández se refugiará en los Gobernadores peronistas para contrarrestar el avance de CFK a través de La Cámpora, liderada por el heredero Máximo (se los dijo sin ambages en el escenario triunfal de las PASO: “seré el Presidente que gobernará junto con los Gobernadores”).

Pero además, Alberto Fernández deberá cuidarse de la memoria reciente de una sociedad que no tolerará un ápice rémoras de un pasado al que no desea volver. Las plazas y rutas fueron un elemento movilizador efectivamente probado. Y como la coyuntura económica no podrá ser resuelta en lo inmediato, sólo le quedará no atizar resabios de intolerancia.

Perotti ya no confía en Lifschitz.

En realidad nunca confió. Lo señalábamos hace apenas un par de días. Por eso dejó que fuera el Gobernador quien relatara lo acontecido en aquella reunión del pasado 19 de setiembre en la sede de la gobernación Rosario. Miguel Lifschitz contó que habían acordado una serie de puntos, que hoy Perotti denuncia como incumplidos.

En un reportaje al diario digital UNO, el Gobernador electo se mostró muy disconforme con Lifschitz porque, aseguró, siguen las designaciones de funcionarios (en planta permanente) y continúa el avance de licitaciones y apertura de sobres.

Precisamente, esos puntos fueron el centro de la reunión que tuvieron hace menos de un mes, y era un compromiso asumido por Lifschitz. Pero, según Perotti, el rosarino –o sus funcionarios– no está cumpliendo.

De la misma manera en que Alberto Fernández no le cree a Maurcio Macri y se prepara para gobernar un país en crisis, Omar Perotti está convencido que no todo lo que reluce es oro en la socialista Provincia de Santa Fe, azuzando al frente gobernante con que le tocará gobernar  “una provincia que supera la media nacional con el índice de pobreza, lo cual no es un dato menor”.

Cómo en las viejas series en blanco y negro de televisión: “continuará”.



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